¿Derechos de autor?
Una nueva industria de la música está en marcha
A menudo, cuando estamos navegando por Internet, vemos en ciertos tipos de páginas las licencias de Creative Commons (CC) que nos indican: “Algunos Derechos Reservados”. ¿Sabes lo que esto significa?
CC se posiciona en el punto medio que se encuentra entre el esquema de protección absoluta de los derechos de autor, es decir, la famosa leyenda “Todos los derechos reservados”, y el dominio público, al que podríamos etiquetar como “Ningún derecho reservado”. Las licencias de CC ayudan a los creadores a conservar sus derechos autorales invitando a hacer uso de su obra bajo el esquema de “Algunos derechos reservados”.
En este punto, seguramente las inquietudes se comenzarán a revolver dentro de tí. ¿Por qué un creador renunciaría al esquema de “Todos los Derechos Reservados” para pasar al de “Algunos Derechos Reservados”? La respuesta está en la historia. La imprenta de Gütenberg le dio el poder a la gente; los libros podrían ser copiados y ser distribuidos, y la gente los podría compartir y de esa forma ganar sabiduría. Con el advenimiento de la computadora, el coste de copiar un libro cayó a cero; de hecho, el copiado de música, arte y conocimiento cayó a cero. En esta época es posible conseguir cualquier cosa en la red sin necesitad de pagar un centavo por ello. Así que la historia se repite y nos dice que, en alguna parte del camino, la computadora le dará el poder al individuo.
En 2004, un grupo de abogados de las escuelas de leyes de Stanford, Harvard, y UC-Berkeley, se reunieron y crearon las opciones de licencia de CC. La razón de ser de estas licencias es simple: si las opciones de estas licencias son utilizadas para los trabajos subidos a Internet, en donde la gente los descargará de forma gratuita, es importante que el mundo sepa lo que puede y no puede hacer con el trabajo de otra persona. Para las grandes empresas que han controlado las ventas de música, este proyecto es una amenaza para continuar con su dominio. Para los músicos independientes y los artistas, el proyecto de CC es una excelente manera de afinar el enfoque del negocio, maximizando el uso de Internet para desarrollar audiencias alrededor del mundo entero.
Ahora vayamos al punto de vista del usuario, de todo aquel que en algún momento ha comprado música. Allí surgen las siguientes preguntas:
¿Tiene algo de malo el hecho de hacer una copia de un CD original de nuestra propiedad para nuestro propio uso?
¿Es algo similar a lo que hacemos con el iPod?
¿Es una extensión de su uso?
¿Es necesario que la legislación internacional del Copyright abra esa puerta para que los clientes puedan copiar un disco de su propiedad para su uso personal?
¿Cómo desarrollar un instrumento legal que permite la copia para uso personal y prohíba la copia masiva que caracteriza a la piratería?
Estas preguntas aparecen en escena porque la actual legislación internacional sobre Copyright pareciera advertir que copiar un CD para uso personal debiera ser legal, pero que, sin embargo, tiene que seguir siendo ilegal. La razón, sugiere esta legislación, es que nadie debe tener el poder para romper esta regla ya que no hay una frontera clara entre la gente que copia para uso personal y aquellos que copian masivamente y constituyen la industria de la piratería. ¿Realmente son así las cosas? Parece ser que, en este punto, existe un problema de terminología. El Copyright no es el problema, por lo tanto el Copyright no tiene por qué ser la solución. De hecho, con medios digitales, el copiado es una condición natural.
Antiguamente, la mejor forma de proteger un trabajo era guardarlo de la mejor forma posible, evitando así que fuera visto o que pudiera sufrir algún daño o ser destruido. Hoy en día las cosas son distintas; la mejor manera de proteger un trabajo se produce haciendo tantas copias como sea posible y distribuyéndolo tan ampliamente como nuestras posibilidades lo permitan. Muchas obras maestras que se encontraban en la Librería de Alejandría fueron destruidas por un infame incendio –una pérdida irreparable para la humanidad; en contraparte, cualquier obra digital que sea copiada alrededor del mundo, está asegurando su perpetua permanencia. Es cierto que al autor de dichas obras les puede parecer un tanto injusto y triste, pero esa es la diferencia entre los viejos y los nuevos medios. El copiado no es el problema; la distribución sí lo es. Debe, por supuesto, seguir siendo ilegal que un grupo de criminales instalen sofisticados laboratorios para copiar discos indiscriminadamente y poder salir a colocarlos en el mercado negro por diez pesos. El hacer negocio a costa del trabajo de otros sigue siendo incorrecto; el problema no es el copiado, es la distribución del dinero.
Los tiempos están cambiando y la industria de la música, para beneficio de artistas y consumidores, está sufriendo cambios dramáticos. Cada vez es más común observar cómo exitosas disqueras independientes adoptan como su mejor estrategia de ventas regalar la música de sus artistas por Internet. Después de todo, ¿no es un buen negocio regalar un millón de descargas si eso provoca que se vendan 5,000 discos, 10,000 descargas premium y miles de artículos de merchandising alrededor del mundo? En términos generales, la gente no compra música que no conoce, por esa razón las disqueras y los artistas que no forman parte del mainstream están reaccionando, regalando de forma inteligente su música para que podamos integrarla a nuestra vida, escucharla en la oficina, en la casa, en el auto, en el iPod. Esa es la única fórmula conocida para que un artista se vuelva exitoso. La historia no miente.











