Jazz mexicano. Una piedra en el zapato
Existe una gran producción discográfica de artistas asociados directa o indirectamente con el jazz; es impresionante ver cuántos discos se graban al año, cuántos músicos se lanzan a la aventura de producir sus propios discos, y aquí vale la pena abrir un paréntesis para mencionar uno de los factores clave en esta imparable producción discográfica: los avances tecnológicos en materia de audio digital, los cuales han permitido que, prácticamente, cualquier persona pueda tener su propio estudio en casa y logre, con una mínima preparación, afrontar con mayor o menor fortuna el proceso de grabación de un disco.
Sin embargo, ¿es un buen síntoma el hecho de que aparezcan, hoy más que nunca, discos de jazzistas mexicanos? No necesariamente. ¿Por el simple hecho de traer la etiqueta de “jazz” estos discos son una garantía de calidad musical y alto valor artístico? Definitivamente no.
Hace unos días hablaba sobre este tema con un amigo músico y reflexionábamos sobre los peligros que implica el hecho de producir discos tan fácilmente; es una gran tentación contar con unos cuantos miles de pesos en la bolsa y doce temas regulares, porque eso significa que, si uno es aplicado en este negocio, se puede tener un disco en el mercado en menos de tres meses. Esto se contrapone al protocolo antiguo, en donde el proceso de preproducción era muy importante y se valoraba distinto la oportunidad de meterse al estudio de grabación, por lo complicado y costoso que resultaba. Ventajas y desventajas que nada tienen que ver con el adagio que indica que todo tiempo pasado fue mejor.
Y volviendo al tema, discos van y discos vienen año tras año, desafortunadamente, y salvo notables excepciones, la mayor parte de ellos no abonan a favor de eso que llamamos jazz mexicano; mes con mes escuchamos discos de reciente lanzamiento carentes de rigor en el uso del lenguaje jazzístico, pobres en el sonido individual y grupal logrado, sin una postura estética, por más conservadora o experimental que ésta pueda llegar a ser, que nos permita descubrir a un artista detrás de ese ejecutante que hace desesperados malabares en su instrumento.
¿Y qué sucede con los medios? Algo muy similar a lo que sucede con los músicos: no existe una formación integral que les permita ser rigurosos a la hora de hacer su trabajo. De vez en cuando me sorprendo al leer las reseñas de reputados críticos que un día hacen pedazos un buen disco y al siguiente dejan a las puertas del cielo el desconcertante trabajo de algún artista que le simpatiza o, peor aún, que le agrada. Ambos ejercicios críticos se realizan hablando de cosas tan poco concretas y subjetivas como la fusión, el lenguaje o los códigos, cualquier cosa que eso signifique.
¿Exactamente a qué me refiero cuando hablo de falta de rigor en el ejercicio de músicos y críticos? Para abordar este inquietante asunto debo referirme a la forma en que funcionan ciertos elementos de la industria del jazz en Estados Unidos –cuna de este género, claro–, y no me refiero a elementos de infraestructura, tampoco a la terrible desproporción entre los sueldos que ganan aquí y allá los músicos que se dedican al jazz; lo que quiero robarme momentáneamente de la escena gringa es el profesionalismo con el que asumen su participación músicos y críticos.
Un buen músico de jazz del vecino país norteño asume su papel llevando a la práctica un ejercicio de elemental congruencia: conocer el lenguaje musical con el que trabaja. De esta forma, es muy complicado escuchar a un buen jazzista estadounidense cometer faltas de ortografía al componer o arreglar, ni errores de pronunciación al tocar; normalmente su lenguaje armónico es vasto y consistente, y si uno escucha a un grupo o ensamble de jazz, más allá de si su propuesta nos resulta o no interesante, podemos escuchar un diálogo elaborado, complejo, producto del dominio del lenguaje que se utiliza. Un solista que improvisa demuestra su nivel con el respeto que le tiene a las sugerencias rítmicas y armónicas, a los colores tímbricos y a las dinámicas que los acompañantes le ponen sobre el escenario.
Un buen crítico de jazz en Estados Unidos habla con propiedad –con conocimiento, hasta con erudición– del trabajo armónico de un artista o de un grupo, analiza a fondo su sonido sumergiéndose a veces en asuntos de tecnología y de acústica, se refiere al fraseo, al manejo de las dinámicas, al discurso y a los recursos de los improvisadores, al trabajo de composición. Es decir, hace su tarea; no importa si para eso tienen que tomar muchas clases de apreciación musical, uno o varios cursos de entrenamiento auditivo o de plano un taller de armonía; sobra decir que no son pocos los críticos que tocan también un instrumento, al menos como referencia para hacerse de mejores argumentos a la hora de escribir. Al final es claro que, con todo y la extensa preparación que pueda tener un crítico, lo más importante será su inteligencia y su sensibilidad para plasmar una opinión sólida y bien articulada. Un factor que se debe mencionar a estas alturas, y que juega en contra de la formación de una cultura del jazz, es el hecho de que no contamos los mexicanos con publicaciones especializadas en el género; las revistas generales de música existentes –que no son muchas, por cierto– abordan el jazz desde el punto de vista de un aficionado, es decir, con comentarios superficiales, normalmente carentes de rigor y repletos de las personales ocurrencias del comentarista en turno. En la radio, el jazz tiene un poco más de presencia pero igualmente encontramos en el micrófono a comentaristas aficionados al jazz con voz bonita, buen sentido del humor y quizá cierta elocuencia, pero con escasos fundamentos para convertirse en verdaderos promotores del género. Mención aparte en el tema de la presencia del jazz en la radio merece Roberto Aymes, pilar indiscutible del jazz mexicano quien, además de su prolífica carrera como músico, compositor, arreglista, director musical y empresario discográfico en el género, ha sostenido durante toda una vida su señero Panorama del Jazz, que se transmite por Radio UNAM.











